Excélsior

Es un avión o es un cohete?, aún se preguntan los especialistas desde que, el fin de semana pasado, el diario Financial Times publicó que China había probado un misil hipersónico en agosto pasado.


La publicación, que citó cinco fuentes, dijo que el misil, con capacidad de portar una ojiva nuclear, había dado una vuelta a la Tierra antes de dirigirse hacia su blanco, errando por apenas 40 kilómetros.


Aunque Pekín negó que se tratara de un ejercicio militar –se trató de una “prueba de rutina de una nave espacial reutilizable”, fue la explicación del Ministerio de Exteriores chino–, lo innegable es que tomó desprevenido a Estados Unidos.


Ambos países se encuentran enfrascados en lo que muchos politólogos han calificado como una nueva Guerra Fría, cada uno está incrementando sus capacidades militares. El horizonte de esa carrera son las armas aéreas hipersónicas –misiles y vehículos de planeo–, que pueden volar cinco veces más rápido que el sonido (seis mil kilómetros por hora).


A diferencia de los misiles balísticos, los hipersónicos pueden volar a baja altitud. Son maniobrables y no siguen, como aquéllos, trayectorias predecibles, por lo que es difícil rastrearlos e interceptarlos. Por la velocidad que alcanzan, la presión del aire forma delante una nube de plasma que los hace casi invisibles para los radares. Si alguno fuera detectado a cien kilómetros de distancia, un sistema de defensa antiaérea tendría menos de un minuto para reaccionar.


Aunque los conocimientos teóricos del vuelo hipersónico datan de mediados del siglo pasado, los avances tecnológicos –como el desarrollo de combustibles– ha hecho posible que las grandes potencias militares los incorporen en su arsenal.


Todo indica que China lleva la delantera en ese terrero, seguida por Rusia y Estados Unidos, en ese orden. Hace apenas dos semanas, Moscú anunció que había lanzado su nuevo misil hipersónico Zircon desde un submarino nuclear en el mar de Barents. Terminadas las pruebas, se espera que el arma entre en operación en 2022 y sea montado en barcos y submarinos.


Con esta innovación, las fuerzas armadas rusas han sustituido la costosa inversión en portaaviones, cosa que ha sido la columna vertebral del poderío militar estadunidense.


La incursión china en el desarrollo de armas hipersónicas sucede en momentos en que aumenta sus reclamos territoriales y marítimos. Esto ha llevado a Japón a anunciar que fortalecería sus defensas. El lunes, el jefe de gabinete nipón, Hirokazu Matsuno, calificó de “nueva amenaza” el presunto lanzamiento del misil chino y sostuvo que la tecnología convencional difícilmente podría lidiar con él.


Hace dos años, en el desfile del 70 aniversario de la República Popular China, el ejército de ese país presumió el DF-ZF, un vehículo de planeo hipersónico que venía probando desde enero de 2014. El DF-ZF está diseñado para ser lanzado por un misil balístico y alcanza una velocidad de hasta 12 mil kilómetros por hora. Puede cargar cabezas nucleares o ser usado para ataques de precisión con una carga explosiva convencional (para hundir barcos, por ejemplo). A diferencia de los misiles hipersónicos, un planeador de este tipo puede salir de la atmósfera, volver a entrar y volver a salir, así como realizar maniobras extremas para eludir defensas. Rusia tiene uno similar llamado Avangard.


Entrevistado en Ginebra, Robert Wood, embajador estadunidense para temas de desarme, dijo que su país se había abstenido de desarrollar la tecnología militar hipersónica, pero que ante los avances que China y Rusia han hecho en la materia “tendremos que responder apropiadamente”. Los tres países, agregó, tienen capacidad de construir ese tipo de armas, pero “ninguno de los tres sabe cómo defenderse contra ellas”.


A su vez, el secretario de Defensa de EU, Lloyd Austin, de visita en la República de Georgia, dijo el lunes que Washington estaba observando cuidadosamente el desarrollo de armas por parte de China y advirtió que estos sistemas de ataque avanzados “sólo incrementarán las tensiones en la región”.


Bienvenidos a la nueva Guerra Fría y la nueva carrera armamentista.