Excélsior

La cumbre trilateral entre los líderes de América del Norte fue absolutamente clave para México, no sólo en los temas económicos, comerciales y migratorios, sino también en el tema de la política del respeto a la no intervención en asuntos de cada nación.


En esta cumbre entre Joe Biden, presidente de Estados Unidos; Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, y Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, se lograron varios objetivos de la agenda mexicana, pero, sobre todo, se disiparon supuestas posturas en torno a la reforma eléctrica planteada por el mandatario de nuestro país.


México logró poner en la agenda de los tres países el tema migratorio como un asunto con enfoque humanitario y de derechos humanos, para lo que, incluso, logró que el gobierno de Estados Unidos esté planeando ya en invertir en Centroamérica para generar desarrollo social.


Se empezará con Honduras, mediante una importante inversión productiva bajo el programa Sembrando Oportunidades, similar al que impulsa el gobierno de México con Sembrando Vida. Es de esta manera como se puede ordenar el flujo migratorio. Es decir, que la migración no sea forzosa o por desplazamiento, sino opcional y voluntaria.


En este punto, el presidente Andrés Manuel López Obrador abogó por los 11 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos sin tener regularizada su situación migratoria. Por cierto, el Congreso de Representantes de aquel país aprobó al siguiente día una reforma profunda sobre la legalización de los migrantes, misma que será revisada por el Senado estadunidense.


Otro de los temas clave de la agenda mexicana que logró tener eco entre los mandatarios de Estados Unidos y Canadá fue el relativo a una integración económica más sólida de la región, que se convierta en un real contrapeso de China en materia comercial.


Sin duda, la cumbre trilateral fue clave para México, al grado tal de que el presidente Andrés Manuel López Obrador logró el respeto de ambos países hacia México y hacia lo que los mexicanos tenemos que resolver de manera interna y nacional, como es el caso de la reforma eléctrica. Quedó claro que no habrá intervencionismos en este tema que sólo les compete a los mexicanos decidir y resolver.


La reforma eléctrica debe ir para adelante y frenar cualquier indicio de destruir a la Comisión Federal de Electricidad. México tiene que recobrar su soberanía eléctrica por seguridad nacional. Se tiene que evitar que nos pase lo mismo con la reforma petrolera, en la que otorgaron 110 concesiones a empresas nacionales y extranjeras y de las cuales sólo dos invierten y el resto se ha dedicado a la especulación.


La CFE tiene que recobrar el control de la generación y distribución de energía eléctrica que se produce en México, tanto por la paraestatal como por las empresas privadas. Se tiene que abaratar el costo de la energía para los consumidores mexicanos.