Pese a que la tasa de interés de Banxico está en 4%, las personas y las empresas tienen que enfrentar costos crediticios más altos al momento solicitar préstamos a las instituciones financieras.

Cuando los mexicanos escuchan que el Banco Central «recorta su tasa de interés» o «flexibiliza su política monetaria», las noticias suelen presentar la decisión como algo que afecta considerablemente a la vida económica cotidiana. Pero no es así, al menos en México.

Pese a que la tasa de interés de referencia del Banco de México (Banxico) se ubica solo en 4%, los microempresarios y las personas tienen que enfrentar costos crediticios mucho más altos al momento solicitar préstamos a las instituciones financieras, porque se les agregarán los riesgos, las actividades a las que se dedican y el entorno económico que enfrentan.

“Hay factores de oferta y demanda en el caso de una institución financiera que otorga crédito a empresas que pueden ser más riesgosas. Esas tasas de interés de los créditos tienden también además a considerar los costos de captación”, comentó en entrevista Adrián de la Garza, economista en jefe y director de Estudios Económicos de Citibanamex.

La captación es el dinero que los clientes de la banca depositan en sus cuentas y es el mismo dinero que los bancos prestan a otros clientes.

El especialista explicó que hay primas de riesgos que toman en cuenta los bancos al momento de hacer el préstamo. Por ejemplo, tienen que crear reservas para hacer frente a posibles impagos de parte de sus clientes.

“Como en economía todo es pros y contras, en la medida en que las tasas de interés para depositar recursos en una institución bajen, esto incentiva a la población a depositar menos recursos y el volumen de fondos disponibles para prestar también disminuyen”, acota de la Garza.

El experto señala que los bancos deben encontrar un punto de equilibrio para dar rendimientos atractivos a los clientes y al mismo tiempo dar buenas condiciones de crédito para que los usuarios y empresas pidan dinero prestado y a su vez, reactiven la economía con inversiones –en el caso de las empresas- y consumo.

Alejandro Saldaña, economista en jefe del Grupo Financiero Ve por Más (Bx+) explicó que los créditos que se otorgan a las empresas suelen ser más caros por el riesgo que representan, sobre todo en este contexto de la pandemia de COVID-19 que ha azotado a sectores como el turístico y el restaurantero.

«Esto es porque detrás del crédito que se le da a cada empresa o a cada persona se hace una evaluación de riesgo que esta implícita en la tasa de interés que se le da. Es ese diferencial de la tasa objetivo entre la tasa a la que los bancos se van a financiar y la tasa a la que estos bancos le ofrecen a sus clientes», comentó.

El especialista añadió que los costos también se elevan debido a que los bancos deben asumir el costo de los salarios de los trabajadores, el equipo y las oficinas.

En la última encuesta de Banxico sobre el financiamiento de las empresas, el 77.1% dijo que se financiaba con sus proveedores y solo el 27.1% se financió con la banca comercial.

Antes de la pandemia, en junio de 2019, y cuando empezó el ciclo de baja de la tasas de referencia también se observó que el tipo de interés que daban los bancos eran en su mayoría más bajo que el del cierre del 2020, excepto tarjetas de crédito, de acuerdo con cifras de Banxico.

La tasa ponderada de las tarjetas de crédito en junio de 2019 era de 37.21% y al cierre de 2020 se redujo a 33.62%.

Para los créditos personales y microcréditos, la tasa ponderada pasó de 39.8% en la primera mitad de 2019 a 44.24% al cierre del 2020. Los créditos de nómina pasaron del 24.8% a 26.31% y los de auto pasaron del 13.70% al 13.06% en el mismo periodo de referencia.

Para los créditos hipotecarios, la tasa pasó de 10.23% a 10.25% en el mismo periodo de referencia.

Cabe recordar que Banxico tiene como único mandato el preservar el poder adquisitivo del peso, y además un recorte en la tasa de interés también tiene otros efectos macroeconómicos, como un abaratamiento en los créditos que pide el gobierno federal y desincentiva el ahorro, porque al tener una baja tasa de interés el usuario optará por gastarlo o buscar instrumentos más atractivos, pero con mayor riesgo.

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